Unión está en los cuartos de final de la Liga Profesional. Sí, escuchó bien. El Tate, que había llegado con ciertas dudas al sprint final de la fase regular y debía depender de otros resultados, hoy está entre los mejores ocho del fútbol argentino. Impactante. Contundente. Inteligente afuera (por el planteo) y adentro (por la ejecución del libreto).
El gran golpe en El Parque de Mendoza
Dinámica de lo impensado. El equipo de Madelón dio la nota. Llegó como punto, terminó siendo banca. La fiesta estaba preparada para la Lepra Mendocina. De repente, como en un cumpleaños, preparás la fiesta ideal, tenés la torta de lujo, se te coló alguien en la fiesta y se comió la torta. Por un instante, todo se desordena en la cabeza del que mira. La razón pierde su rigidez y el buen juicio se vuelve liviano. Como si el fútbol abriera una grieta por donde se escapa la lógica. Se entiende que hay momentos que no piden explicación, sino entrega. Hay ocasiones en las que hace falta una pequeña forma de locura para habitar la alegría sin condiciones, para soltar las amarras de lo medible y simplemente estar ahí, vibrando. Festejar un sábado por la noche y gritar por el CAU deja de ser un acto aislado: se transforma en una manera de existir, en una pertenencia que no se razona, se siente.
En el 1T comenzó sufriendo más de la cuenta, especialmente durante los primeros 20 minutos, donde padeció el desequilibrio constante de Sebastián Villa frente a Vargas. El colombiano alternó buenas y malas decisiones, pero cada vez que encaró generó preocupación en la última línea rojiblanca. Por ese sector, además, Del Blanco tuvo varias complicaciones defensivas, ya que por allí se filtraban tanto Bonifacio como Matías Fernández, quien se mostró muy movedizo y apareció por todo el frente de ataque, dificultando las referencias defensivas del conjunto santafesino. Con el correr de los minutos, Unión logró acomodarse mejor dentro del partido. Empezó a equilibrar las acciones, adelantó algunos metros sus líneas y encontró mayor fluidez en la circulación. También hubo modificaciones posicionales que ayudaron a cambiar la dinámica ofensiva: Cuello y Palacios intercambiaron sectores y eso terminó siendo determinante. Justamente de una muy buena combinación entre ambos nació la apertura del marcador. Después de una gran jugada colectiva, Palacios asistió con precisión y Cuello, el ex Instituto, sacó un potente remate imposible para Bolcatto, estableciendo el 1-0 y dándole tranquilidad al Tatengue. A partir de allí, Unión ganó confianza y siguió buscando el arco rival. Estuvo cerca de ampliar la diferencia con Estigarribia, quien probó desde buena posición, aunque su remate terminó desviándose en un defensor de la Lepra. En el aspecto defensivo, fueron importantes las coberturas de Maizon y Ludueña, atentos para corregir y cerrar espacios cada vez que el CSIR intentó atacar. También se destacó el trabajo táctico de Pitton, que en varias oportunidades se incrustó entre los centrales para colaborar en la marca y facilitar el retroceso del equipo, aportando equilibrio en los momentos donde Unión necesitó sostener el resultado.
En el 2T, el inicio de Independiente no tuvo tanta movilidad y Unión ocupó muy bien los espacios. Le tapó correctamente los receptores y no cometió el error de especular, sino que salió a asumir la iniciativa del partido. Golpeó de entrada con un pase entre líneas de Del Blanco —de gran partido— para Tarragona, que la picó ante la salida de Bolcatto y luego definió con el arco en soledad. Fue un verdadero baldazo de agua fría para el local. Cuando parecía que lo tenía controlado, a los 24′ llegó el 1-2. La movieron de izquierda a derecha, el centro atrás de Ríos y el remate de derecha de Sartori para el dramatismo. Madelón dejó de lado su orgullo. Terminó jugando con Corvalán para fortalecer la defensa, y Menossi para tener la pelota, algo que no la tuvo, ya que se encerró demasiado. Aguantó como pudo.
Lobo Medina le cobró una mano a Del Blanco que pudo haber sido 3-1. Lo pudo liquidar en el final con el disparo de Tarragona que tapó bien Bolcatto. Armó su propia Revolución de Mayo. La mejor actuación desde el partido con Independiente, en Avellaneda.
Todo lo que es fútbol se vuelve inigualable e irrepetible; todo se jerarquiza hasta la cresta de los sueños. La alegría se escurre como arena entre las manos mientras ensayamos un paisaje acaso más real, con la clasificación brillando cual resplandor de sol sobre las dunas del desierto. Nada nace con alas sin pasión, la que este sábado por la noche abrió los ojos con ese despliegue gentil de un suspiro, luego de aquel empate ante la T (similar al de Seba Clotet ante Godoy Cruz en el ’96). Se acomoda el aliento escéptico de un lejano rezongo gris que aún no creía en el sol, pero que ahora sigue los pasos de la mañana, escondido tras las sombras de un café, mirando una y mil veces el resumen con todos los músculos vivos del sueño tatengue en tierras mendocinas. Dio ese golpe de autoridad que tanto se le venía reclamando a lo largo del torneo. Una señal clara de carácter y ambición en el momento justo. Sin desmerecer a los rivales a los que había superado en la fase regular, necesitaba imperiosamente un triunfo de esta magnitud para reafirmar su identidad competitiva. También reconstruye la confianza colectiva y posiciona al grupo en otro plano anímico de cara a lo que viene. Hasta ahora, la victoria más importante del año y dejó la sensación de que puede ser un punto de inflexión (ojalá el primero de muchos éxitos por delante). Ahora comienza un mini torneo de cuatro partidos, en el que el factor anímico será determinante. Llega fortalecido. Con la confianza en alza tras un triunfo que reafirma su identidad y convicción. En este tramo decisivo, cada detalle cuenta: la solidez mental, la capacidad de sostener la intensidad y la lectura de los momentos del juego serán claves para seguir avanzando. Con un plantel que entendió el mensaje y un cuerpo técnico que encontró respuestas, el desafío pasa por mantener la misma concentración y ambición para convertir este envión en resultados concretos.
Lo que viene, Belgrano de Córdoba
Belgrano llega entonado tras ganar el clásico -no lo hacía hace 20 años- eliminó a Talleres venciéndolo 1 a 0 gracias al gol de Metilli, bajo un marco de 50.000 hinchas de la “T”. La alegría en Córdoba el fin de semana pudo haber sido distracción para el Pirata que llega con confianza y seguramente el hincha de la “B” se hará sentir en el Julio César Villagra que estará colmado. Los cordobeses pierden para este duelo a una de sus figuras, Lucas Passerini que se fue expulsado y probablemente su reemplazo natural sea el santafesino Uvita Fernández

Desde las 19 de este martes, el Tate jugará en un terreno que será una caldera, pero en el que -las estadísticas lo avalan- hace tiempo se siente cómodo. Por un lugar en las semifinales, la ilusión del equipo de Madelón está intacta. El que logre avanzar, se enfrentará a Huracán o Argentinos en duelos de ida y vuelta.
Por Darío Fiori
